Guía completa sobre hernias discales | todo lo que necesitas saber antes de tomar una decisión 

Una hernia discal ocurre cuando el núcleo gelatinoso de un disco intervertebral se desplaza a través de una fisura en su anillo fibroso exterior, pudiendo comprimir las raíces nerviosas adyacentes y provocar dolor, hormigueo o debilidad en las extremidades.

Se clasifican según su localización (cervical, dorsal o lumbar) y según su grado de desplazamiento (protrusión, extrusión o secuestro discal). Las más frecuentes son las lumbares (L4-L5 y L5-S1) y las cervicales (C5-C6 y C6-C7).

La protrusión es un grado previo a la hernia: el disco se abomba hacia fuera pero el anillo fibroso permanece íntegro. En la hernia, el anillo se rompe y el núcleo sale al exterior. Ambas pueden producir síntomas similares y ambas responden bien al tratamiento conservador.

Tabla comparativa: Protrusión vs. Hernia Discal

 

Característica Protrusión Discal Hernia Discal
Estado del disco Abombado, pero intacto. Roto, con salida de material gelatinoso.
Gravedad inicial Generalmente menor, pero avisa de un problema. Mayor potencial de irritación nerviosa.
Síntomas comunes Dolor local en la espalda baja (lumbalgia). Dolor irradiado a la pierna (ciática o debilidad).
Capacidad de reabsorción El disco puede volver a su sitio al liberar presión. El propio cuerpo puede reabsorber el material salido.

Dolor localizado, dolor irradiado hacia brazo o pierna, hormigueo, quemazón, entumecimiento y, en casos graves, pérdida de fuerza muscular. Los síntomas varían según el nivel afectado y el grado de compresión nerviosa.

Solo en casos muy específicos: pérdida de fuerza progresiva, síndrome de cauda equina o fracaso del tratamiento conservador bien aplicado. La evidencia científica actual sitúa la cirugía como necesaria en aproximadamente el 5% de los casos.

Fisioterapia manual, osteopatía, ejercicio terapéutico, fisioterapia invasiva (EPI, punción seca, neuromodulación percutánea), tecnología Indiba y ondas de choque. La combinación adecuada depende de cada caso.
El mejor fármaco es el movimiento, lógicamente teniendo en cuenta el grado de sintomatología que la persona tenga. El movimiento siempre es el mejor “medicamento” para reducir el dolor.

El tejido biológico tiene sus tiempos de curación. Aunque cada paciente es único, el proceso se suele estructurar en un ratio de 6 a 12 semanas, dividido en tres fases muy claras:

1. Fase Aguda (Semanas 1 a 3):

El objetivo prioritario es reducir la inflamación y aliviar el dolor incapacitante. Usamos terapia manual suave, técnicas de neurodinámica (movilización del nervio ciático) y educación sobre qué posturas adoptar en el trabajo.

2. Fase de Activación (Semanas 4 a 8):

Introducción del ejercicio terapéutico. Empezamos a mover la columna en rangos seguros, despertamos la musculatura profunda del abdomen y estabilizamos la pelvis.

3. Fase de Readaptación (Semanas 8 en adelante):

Volvemos a simular los gestos de tu vida diaria o deportiva (cargar las bolsas de la compra, agacharte, correr, levantar peso) aplicando cargas progresivas para que tu espalda sea fuerte y resiliente.

En la mayoría de los casos sí, adaptando el tipo de carga y la técnica. Mantenerse activo es uno de los factores con mayor evidencia en la recuperación. Lo que hay que evitar no es el movimiento, sino los movimientos específicos que aumentan la compresión discal en cada caso concreto.

Un tratamiento bien indicado no empeora una hernia discal. Al contrario, la movilización progresiva y el ejercicio terapéutico son los pilares del tratamiento conservador según las guías clínicas internacionales más actualizadas.

Hacer reposo absoluto prolongado, automedicarse de forma indefinida sin tratar el origen, o esperar a que se cronifique sin buscar valoración profesional. El dolor crónico de columna se desarrolla en gran parte por inactividad y por no abordar los factores que generaron la hernia en primer lugar.

No, una protrusión puede reabsorberse, pero una hernia no.

Si aparece pérdida de control de esfínteres, debilidad severa en piernas o brazos, o dolor muy intenso que no cede en reposo, consulta de inmediato. Estos síntomas pueden indicar afectación del síndrome de cauda equina, que sí requiere atención urgente.

Amaro y Castillo, fisioterapia avanzada

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